Buscando respuestas

Escrito por el 25 - 11 - 2016 en blog | No hay comentarios

Cada vez me reafirmo más en la idea de que estudiar psicología, no tiene mucho que ver con aprender realmente lo que significa, hasta que no hay un acercamiento real y presencial con las personas que acuden a consulta. Por lo menos yo, me doy cuenta de hasta qué punto el trato personalizado marca la diferencia a la hora de abordar un proceso de cambio.

Hoy me he parado a reflexionar y a desgranar un poco esa creencia que solemos tener de que debemos encontrar respuestas a lo que nos pasa, y que hasta que no encontremos esas respuestas no podremos hacer nada al respecto. ¡Simplemente plantearlo de este modo ya provoca desgaste y cansancio! Un cansancio que debilita y va mermando nuestra capacidad de acción mientras el proceso sigue agravándose.

Y es que buscar respuestas existenciales e intentar comprender conscientemente, aquello que se nos escapa a nuestra capacidad de razonamiento, sólo puede aportarnos más de lo mismo, o sea, más frustración, más desesperación.

Me recuerda a esos momentos críticos de tensión y nerviosismo en los que buscamos un objeto en casa porque nos hace falta en ese preciso instante y no hay manera de encontrarlo. La propia urgencia, provoca que no aparezca por ninguna parte. Solemos sorprendernos cuando al dar por hecho que el objeto está perdido, asumimos la pérdida, nos resignamos, y… voilá! Aparece cuando menos lo esperamos. Seguro que a todos nos ha pasado.

Por eso cuando nos obsesionamos por comprender y no paramos de preguntarnos el “porqué”, esa misma obsesión nos mantiene focalizados en una misión casi guerrera que nos lleva de un lado a otro buscando y buscando, aferrándonos a cualquier posible solución que nos permita encontrar respuestas. Y por el camino vamos perdiendo fuelle, nos vamos debilitando con todo lo que ello implica: frustración, impotencia, tristeza, falta de sueño, falta de apetito y un largo etcétera que contribuye a reafirmarnos en la idea de que no hay nada que podamos hacer para revertir este estado.

Pero cuando cambiamos el planteamiento y sustituimos la frase: ¿Por qué me pasa esto?, por la de : ¿Qué puedo hacer para cambiar esto?, la acción que se deriva de la segunda frase, no tiene nada que ver con la primera.

El porqué nos lleva a buscar respuestas, que a veces se encuentran y a partir de ahí es más sencillo pasar a la acción, pero otras, la mayoría, sólo nos lanza a emprender una cruzada estéril buscando raíces y causas que no acabamos de entender y ahí es donde los árboles no nos dejan ver el bosque.

Buscar respuestas con desesperación, se traduce en un pensamiento al que atendemos constantemente, y se convierte en el centro de nuestra vida, dejando a un lado todo aquello que podría ayudarnos a desviar nuestra atención hacia otras actividades que nos permitan focalizarnos en algo diferente. Si lo conseguimos – y se puede -, podremos entrenarnos poco a poco y sin olvidar el objetivo; en la calma y la tranquilidad.

Algo así como darnos permiso para pensar y actuar bajo un prisma diferente que no implique necesariamente y a priori, un entendimiento de lo que nos está pasando.

Y ahí es donde podemos hacer usos de nuestros recursos – esos recursos que todos los seres humanos tenemos – para darnos la oportunidad de cambiar hábitos o introducir actividades diferentes que nos permitan experimentar o canalicen nuestra atención hacia un lugar diferente al de “buscar respuestas”.

Cuando el buscar deja de ser una prioridad, entramos en un estado diferente de aceptación, y vuelve a repetirse la historia del objeto perdido, porque en ese nuevo estado, las respuestas fluyen solas y podemos ir entendiendo y asumiendo desde la serenidad y la calma.

Este empeño que tenemos a veces en forzar cosas que sólo pueden ocurrir de un modo espontáneo, nos mantiene en el problema. A veces creo que tenemos una cierta tendencia a profundizar demasiado, a excavar buscando cofres, sin darnos cuenta que el mayor tesoro es cambiar de táctica.

Entrenarnos en técnicas diferentes para conseguir resultados diferentes es el principio de un nuevo proceso que puede llevarnos a un planteamiento diferente de lo que nos está pasando, o al menos, puede cambiar nuestra perspectiva ante un misma situación. Un excelente punto de partida que puede propiciar el entendimiento, ese entendimiento que desesperadamente buscamos, puede, de repente, encontrarnos y saludarnos en el camino.

Estaría bien confiar en nosotros, ya que al fin y al cabo somos los únicos responsables de nuestros actos. Todo tiene un porqué, pero mejor si lo encaramos con un para qué.

¡Un desafío a ti mism@, no te hundas en sentimientos idealizados y pasa a la acción!

¡Paradójicamente la acción te brindará el conocimiento y las respuestas!

¡Un abrazo!

Pilar Crespo

Psicóloga en La habitación psicología

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